Traducción preliminar. El texto se ha traducido automáticamente y aún no se ha revisado; si algo suena raro, es por eso.
Por «mágico» entiendo esa forma de pensar que llamamos de cuento de hadas: lo piensas y, zas, aparece (enseguida huele a transurfing, a Sviiash y a Zeland). Hay quien la llama infantil y sonríe con condescendencia al oír hablar de Brujas y Hechiceros. Sin duda, tiene algo de infantil y de ingenuo. Y hasta sé de dónde viene: de la propia infancia. Pero no hay nada más valioso en el mundo que el pequeño egocéntrico que todos somos de niños.
Y da la sensación de que el mundo que nos rodea está hecho para traerme en bandeja de plata (sí, justo esa) todo y al instante, «como por arte de magia, porque yo lo quiero».
Cuando queremos calor y contacto, simplemente queremos que alguien o algo aparezca y lo resuelva, porque todavía no somos capaces de cuidarnos solos. Y, «¡Oh! ¡Milagro!», aparece y lo resuelve. Ni se nos pasa por la cabeza (ahí dentro aún no hay nada) que se trata de una mamá/abuela/hermana/papá/niñera/(tu opción) muy atenta y responsable, que comprende y siente, o simplemente sabe (lo aprendió, lo leyó en un libro). Sabe que hay que dar de comer/abrazar/cambiar/bañar/etc. Y a nosotros, pequeños generalísimos, nos parece que el mundo entero gira solo a nuestro alrededor. De niños, no sabemos muchas cosas del mundo material: de dónde sale cada cosa y por qué alguien hace lo que hace. Somos tan insignificantemente pequeños y tan enormemente egoístas que, como única manera posible de conseguir lo que deseamos, queremos conservar ese modelo mágico: ¡lo piensas y ahí lo tienes!
Qué pasa cuando lo esperado no llega a tiempo, y cómo esperamos un milagro y gritamos hasta ahogarnos en nuestro propio llanto, es tema para otra conversación.
Bueno, sigamos.
¿Qué pasa cuando este modelo se consolida?
Ahora te desvelo el secreto de por qué la gente no quiere crecer y por qué siempre quiere volver a la infancia y huir de la vida real (hacia relaciones de codependencia, drogas, alcohol, compras compulsivas, juegos, etc.).
Pues porque esos recuerdos de cuando yo era el centro del mundo son muy sabrosos.
Imagina: estás sentado en casa, sin dinero. Ves las noticias, maldices al gobierno, estás descontento con todo y con todos. Porque todo el mundo quiere algo de ti.
Estás ahí sentado soñando con lo mágico que sería no hacer nada, solo pensarlo y que ya se haya cumplido (sí, una mamá atenta, responsable, que sacrifica sus propios intereses, vendrá y te lo dará). Estás ahí sentado recordando tu experiencia infantil de los abrazos y el amor de mamá. Y, por cierto, está bien si la hubo, pero ¿y si no? Entonces escondes una sensación de enorme insatisfacción, de resentimiento hacia la vida, hacia la familia, hacia la gente (por no haberte querido lo suficiente), y cultivas y acaricias con mimo la idea de que ¡el mundo te debe algo! ¡Que no te dieron lo que te tocaba! Que te utilizan, y así sucesivamente, hasta llegar a la más completa lástima de ti mismo y al odio hacia los demás.
Pues eso, a lo que iba: el pensamiento «mágico». No es una opción muy constructiva, reconócelo.
¿Qué hacer, entonces, y cómo seguir?
Aquí hay dos opciones:
1) quedarse ahí y vivir de los «sucedáneos» que he descrito antes;
2) entrar en contacto con el mundo real y aprender a ocuparse uno mismo de sus deseos y necesidades. Para dominar las herramientas con las que se crean los objetos materiales, para estudiar la esencia de las cosas y los fenómenos, para adquirir experiencia y comprender CÓMO FUNCIONA TODO ESTO.
Comprender que, para conseguir algo de forma «mágica», hay que SABER cómo conseguirlo de la manera normal: levantarse, hacerlo, obtenerlo. Para una persona con el modelo «me lo deben», la vida en el mundo real es puro sufrimiento. Precisamente por eso está hoy tan extendido el guion del juego «Perseguidor (Tirano)-Víctima-Salvador» (a quien le interese, que se apunte a nuestro taller para trabajar con ellos). Y está tan extendido sufrir, compararse y competir que cuesta hacer sitio a las cuestiones del desarrollo espiritual, del Alma y demás «tonterías» que se llaman necesidades espirituales.
Así es como se devalúa el pensamiento «mágico», que, en realidad, no ha hecho nada malo y funciona de maravilla en un estado consciente.
Es esa sensación maravillosa de unión con la naturaleza, ese temblor del Alma cuando recibes el amanecer.
Es saber que todo lo que te rodea está vivo, tiene su carácter y sus manifestaciones.
Es una mirada «distinta», una sensación interior de misterio y de magia, de lo extraordinario, de una enorme alegría e interés por todo lo que encuentras en el mundo.
Es como avanzar a hurtadillas por el bosque hacia un gran claro lleno de luciérnagas parpadeantes.
Es una sensación fabulosa, irreal, de la Vida y del otro lado.
Eso sí, nadie ha abolido todavía la realidad de la vida, las leyes del universo, de causa y efecto, y a veces toca tropezar al resolver asuntos serios, como, por ejemplo, ganar dinero.
Por eso es importante crear una buena base para ti y para los tuyos (si tienes esa responsabilidad), y solo después pensar «mágicamente». Por eso avanzamos jugando los papeles de víctima y de tirano. O simplemente deseamos volver a una «mamá» atenta, reclamamos amor a gritos y nos hacemos daño al chocar con la realidad. ¡Este es el Camino del Desarrollo Humano! ¡Bienvenido al mundo real!


