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Psicología de las relaciones. Los estados del yo «padre», «adulto» y «niño».
En el curso «Psicología práctica», que se imparte en nuestro centro y al que invitamos a todas las personas interesadas, puedes conocer distintas teorías de la personalidad.
Esta vez hablaremos del psicólogo estadounidense E. Berne y de su famosa tríada de estados del yo de la personalidad:
— Padre
— Adulto
— Niño
En un momento u otro, en una personalidad madura puede manifestarse cualquiera de estos estados.
En el estado del yo «padre», la persona a menudo copia el modelo de conducta, las normas sociales, los estereotipos y las actitudes que heredó de sus propios padres y de otras figuras significativas y con autoridad. Es la parte conservadora de la personalidad, orientada a preservar la experiencia de las generaciones anteriores y a transmitir las tradiciones, los guiones familiares y de linaje y los estereotipos sociales.
En el estado del yo «adulto», la persona organiza su conducta a partir de la situación del «aquí y ahora», lo que supone el llamado enfoque racional.
La posición «adulto» implica ser consciente de la necesidad que importa en este momento y, a la vez, valorar si es posible satisfacerla en ese entorno.

El estado del yo «niño» transmite los sentimientos y pensamientos que la persona vivió alguna vez en la infancia. Y también las emociones del presente, la postura interna y las reacciones hacia uno mismo y hacia los demás.
Una personalidad psicológicamente madura es capaz de mantener un equilibrio dinámico entre estas tres estructuras.
De lo contrario, la balanza se inclina hacia un lado u otro y se rompe el equilibrio interno.
Lo más habitual es que sea el «padre» severo quien ocupe la posición más fuerte en la personalidad. Toma el control del yo y exige cumplir estrictamente con los deberes, las tradiciones y las normas a base de prohibiciones y mandatos. Con ello sofoca la espontaneidad de la parte «infantil», a la que se llama «niño interior».
«¡No grites tanto!», le reprocha una madre severa a su pequeño, que expresa su alegría a voces.
«Eso son tonterías: los elefantes rosas no existen», responde con sensatez otra madre a las fantasías de su hija.
Limitar a tu «niño interior» en la vida adulta es frenar tus impulsos creativos y reprimir tus deseos.
Porque es precisamente el «niño interior» el responsable del amor de la persona por la creatividad, de la espontaneidad, de la capacidad de pensar de forma original y de percibir la realidad con flexibilidad.
El estado de «niño» ayuda a conservar el optimismo y el sentido del humor en las situaciones difíciles de la vida.
Cualquier limitación de una parte tan importante de la personalidad influye en cierta medida en la salud emocional de la persona, en su estado de ánimo y en su capacidad de disfrutar del momento presente.
Por eso es tan importante cuidar y mimar esta parte indefensa de tu personalidad: tu «niño interior».

Y aquí la tarea de la persona consiste en valorar, desde el estado «adulto», el equilibrio de fuerzas entre el «padre» y el «niño» internos.
¿No se inclina demasiado la balanza hacia un lado u otro?
Porque para que el «niño interior» se exprese de forma sana hacen falta la certidumbre y la seguridad que proporciona precisamente el «padre interior».
De lo contrario, el dominio de la subpersonalidad del «niño interior» se manifestará en ansiedad, pasividad, evitación de las dificultades y búsqueda de una comodidad total.
¿Quieres saber qué relación hay entre tu «padre interior» y tu «niño interior»?
Te invitamos a las consultas con cartas asociativas metafóricas en nuestro centro de desarrollo sistémico de la personalidad Psyvision.
Las cartas asociativas metafóricas son una herramienta única que ayuda a relacionarse con los estados del yo con suavidad y delicadeza.
Te permiten comprender lo severo que es tu «padre interior» y qué le falta exactamente a tu «niño interior».
Sacan a la superficie con cuidado lo que está oculto en lo más hondo y ayudan a encontrar el equilibrio psicológico.
Las consultas las realiza Iryna Stadnytska, alumna del centro.


